Guy Bourdin, oscuridad en tecnicolor

Guy Bourdin, oscuridad en tecnicolor

La historia de una persona, ya no solo de un artista, suele conocerse por partes. Nos enteramos por fascículos de todo aquello que se aleja de los aspectos públicos que la rodean. Desde hace poco más de un mes, la Somerset House alberga los grandes secretos de uno de los mejores fotógrafos jamás conocidos. A través de más de doscientas obras, siendo la mayoría de ellas inéditas (no solo fotos, sino pinturas, esbozos, libretas, vídeos y Polaroids), esta exposición parece ser la más prometedora retrospectiva de Bourdin.

Cuando alguien se refiere a Guy Bourdin tiende a relacionarlo con la moda, el surrealismo y sus estrechos lazos personales con Man Ray, también con un color que roza la pureza del pigmento, mujeres amazónicas, escenas de halo lésbico y violencia sadomasoquista que nos conducen a una muerte que nuestra mente concluye ante su obra. Se le asocia a campañas publicitarias perfectas y arriesgadas y a editoriales impolutas e innovadoras, todo ello en un tiempo de gigantes en el que eran fotógrafos como Bourdin o Newton quienes se rifaban los turnos en publicaciones no más bajas que Vogue.

Eran otros tiempos y los buenos tenían el monopolio. Bourdin exigía el control absoluto de sus procesos creativos y eso lo vemos reflejado desde sus campañas para Jourdan hasta las que hizo para Chanel. Hacía sudar a las grandes marcas con ese vendaval de provocación que eran sus fotos, pero nadie daba un no por respuesta a los resultados del parisino.

En realidad, la brillantez del conjunto que Bourdin nos ofreció esconde una potente misoginia en tecnicolor. Las mujeres de las fotos de Bourdin son aquello que son las mujeres para Bourdin: son Reinas del placer efímero sin ningún valor real que pueda añadirse a los objetos estrictamente necesarios para la supervivencia del hombre. Una mujer a la que no le queda otra que jugar con otras mujeres, una mujer consciente de su inferioridad sea cual sea su condición física y económica. Una mujer sometida a los ojos y las exigencias del hombre, a los ojos y las exigencias de Bourdin, unos ojos con tal genialidad que provocarían incluso el suicidio de una de sus mujeres. Este suceso significó su total atención a una fotografía crudamente cuidada y dedicada a esa oscura verdad que toda mujer conoce sobre la opacidad del mundo que la rodea y las reglas sociales que lo mueven.
Tal vez la belleza que observamos en sus fotografías sea fruto de lo entrañable que nos resulta esta violenta honestidad con la que Bourdin nos habla a través de su objetivo, altavoz de sus creencias reales y cuyo mensaje reconduce a los aspectos más primarios de nuestra condición humana.

Imágenes de Cultura Inquieta www.culturainquieta.com.

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